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Miércoles, 20 de abril de 2005

Zapatero y Ángel Cristo

Batasuna ha logrado colocar a nueve diputados en el Parlamento vasco. La democracia, la lucha por la libertad han vuelto a sufrir una derrota severa sin que el Gobierno dé la más mínima muestra de inquietud.

Aunque parece que no hay constancia escrita, se atribuye a Churchill la frase de que “la democracia es el peor de los regímenes políticos... a diferencia de todos los demás”. Yo pienso que esta sentencia, aparentemente simple, tiene una carga de profundidad enorme: puede resultar extraordinariamente polémica, sobre todo si consideramos la democracia como algo más que elegir cada cierto tiempo a nuestros representantes.

Por ejemplo, lo que ha ocurrido el pasado domingo en el País Vasco, que siempre es una caja de sorpresas desagradables, serviría para refutar por completo su validez. Allí, gracias a la democracia, al menos a la democracia tal y como la entendemos en España, el nuevo partido que soporta a la banda terrorista ETA ha obtenido nueve parlamentarios.



Aquí en Madrid, el presidente de la nación, José Luis Rodríguez Zapatero, está encantado. Este país tan original no tiene reparo en admitir a sus enemigos dentro, ofrecemos tribunas y pagamos los sueldos de los que persiguen nuestra liquidación, sea política o física, y lo hacemos, que es peor, esperanzados en que nos darán algún día la razón. Manuel Jiménez de Parga ha escrito que, en su opinión, hay dos tipos de democracias: las militantes y las claudicantes. Estas últimas se han ensayado algunas veces en la historia, por ejemplo en la República de Weymar, donde, según cita de Klaus Stern, “el aprovechamiento de todas las libertades democráticas para combatir la Constitución alemana de 1919 condujo a la destrucción de ésta desde dentro”.

La variada experiencia en esta clase de suicidios colectivos ha llevado a los países a extraer las lecciones oportunas... parece que con la excepción de España. Creo que somos el único caso mundial de democracia parlamentaria que admitimos sin resistencia a partidos que auspician la ruptura del Estado, que consienten e incluso fomentan la violencia y que tienen declarada la guerra al sistema, en toda la extensión de la palabra. También somos originales en otra cuestión inquietante: nuestro gobierno se apoya en un partido independentista, cuyo objetivo, como en Weymar, no es reformar sino romper el país y destruir la Constitución actual.

El Partido Comunista de las Tierras Vascas, inscrito apenas hace dos meses, sin infraestructura ni recursos económicos, ha obtenido 150.000 votos, un 12,5 por ciento del total. Es un apoyo notorio, que proviene del electorado radical y proetarra de Batasuna y que constituye desde ahora patrimonio suyo. Un exultante Arnaldo Otegui compareció la noche del domingo junto a Maite Aramburu para dejarlo claro, para escupirnos en la cara que ETA seguirá presente en el Parlamento de Vitoria y para resaltar nuestra profunda debilidad y estupidez. ¿Podríamos hablar también de ingenuidad? Ésta es una gran cuestión, pues obliga a juzgar el comportamiento del Partido Socialista y del Gobierno.

La Guardia Civil, la Policía y el Centro Nacional de Inteligencia habían aportado numerosos indicios de la complicidad entre Batasuna y los estrambóticos comunistas, no hay un solo ciudadano vasco que no sepa que se trata de los mismos perros con distinto collar, y sin embargo Zapatero ha preferido no intervenir. Ha demostrado una frialdad estremecedora ante las evidencias y las certezas, una falta de prurito y de énfasis sospechosa, un fundamentalismo jurídico absolutamente preocupante. Él ha preferido calificarlo de otra manera, diciendo que no estaba dispuesto a promover “ilegalizaciones preventivas”, pese a que todos aprendemos desde pequeños que es mejor prevenir que curar. Las consecuencias de su quietud le acabarán retratando.

Lo cierto es que ha obtenido lo que quería: un retroceso electoral de Ibarretxe que le sitúa en la tesitura de elegir entre el mal absoluto –un acuerdo con Batasuna– o el diálogo con un socialismo vasco en ascensión. En todo caso, el precio de la maniobra es demasiado alto, insultante: la ley de partidos ha quedado en agua de borrajas, la posibilidad de expulsar a los violentos de la vida política se ha esfumado. Lo ha dicho el ex presidente Aznar en estas mismas páginas: “la presencia de ETA en la vía institucional es vital para los asesinos y letal para la democracia”.

La desgracia es que Zapatero piensa lo contrario. Creo que piensa como el columnista Javier Pradera, que ha dejado escrito: “no podemos negar la evidencia de que el porcentaje de vascos dispuestos a demostrar algún tipo de adhesión, simpatía o comprensión hacia la violencia continúa siendo muy elevado y obliga a los demócratas a seguir cabalgando el tigre hasta que la fiera desaparezca”.

Esta expresión es realmente curiosa, pues cabalgar a lomos de un tigre tiene poco que ver con el desistimiento, la resignación y aun el acuerdo con el nacionalismo vasco, que son las actitudes que inspiran al presidente. Pero es una imagen inapropiada. No hay más que recordar el desvencijado cuerpo de Ángel Cristo, que se ha dedicado toda la vida a amansar leones y tigres, para imaginar los peligros que se corren, y Zapatero parece bastante más endeble que el domador en plena juventud.

Yo creo que si hay que poner en riesgo el físico para defender la libertad y la democracia, y la causa lo merece, basta con hacer ver a estos señores, sean 150.000 o el doble –la cantidad es irrelevante como lo fue el número de nazis para quienes decidieron combatirlos–, que no podrán participar en la vida pública e institucional si no cumplen las reglas del juego, si no observan los deberes a que obliga un sistema democrático.

Basta con abandonar la democracia claudicante en pos de una democracia militante. Lo contrario, pactar con el nacionalismo un nuevo estatuto que supondrá, necesariamente, una reforma constitucional por la puerta de atrás, dar más carnaza a la fiera, puede convertirnos en pasto mismo del temible tigre.

Por: Antonio Fernandez Gonzalez | Politica | Comentarios (0) | Referencias (0)

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